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Archive for 13/08/09

Los dioses castigan a Creso por creer ser el hombre más dichoso del mundo. Lo hacen como sólo ellos saben hacerlo, y es a través de una mano ejecutora que cumpla sus deseos. Sin embargo no suelen hacerlo directamente y sin avisar, por lo menos en este caso, sino que avisan al afectado por medio de señales no siempre fáciles de entender, pero que si no estás atento no te enteras de sus designios, aunque la verdad, no se para que se molestan en anunciarlo si al final se cumplen sus deseos y hagas lo que hagas la…, es decir, que no puedes hacer nada por evitarlo. Creo que son ganas de fastidiar a los mortales, que es una ocupación que les distrae mucho ya que no deben tener mucho trabajo; hay multitud de ejemplos que ya iremos viendo cuando surja la ocasión. El caso es que hay que temer a los dioses, ya que éste es uno de los pilares en los que se apoya toda religión que se precie, y un dios sea de la religión que sea, si no es temido ni es un dios ni es nada. Lo mismo ocurre con el creyente en este aspecto, ya que tiene que tener temor de su dios, temor a su castigo, a sus designios… a su Gracia, si no es así peligra su salvación, ya que su salvación no depende de si se porta bien o se porta mal. Si no fuese por éso para qué serviría un dios. La salvación depende de su voluntad… de su Gracia.

Pues bien, como decía, Creso tuvo un sueño donde la desgracia se cebaba en su hijo Atis, que era el ojito derecho de su padre; tenía otro hijo pero era sordomudo y no le tenía en cuenta, aunque más adelante le salvaría la vida y recobraría el habla…, pero ése es otro Encuentro en la Historia.

Según el sueño, Atis moriría a consecuencia de una herida producida por una punta de hierro. El rey pensó que evitaría el riesgo quitando de en medio todas aquellas armas que pudieran accidentalmente herir a su hijo, el muy cretino. También evitaría enviarle al frente de cualquier tropa, que era una actividad que el muchacho hacía muy bien.

Tomó esposa para su hijo para que así estuviera entretenido una temporada. Mientras preparaba los fastos de la boda llegó un hombre a Sardes, capital de Lidia, y se presentó al rey pidiéndole protección, ya que había sido desterrado por su padre al haber dado muerte a su propio hermano involuntariamente. Era de la familia real frigia, se llamaba Adastro y tenía las manos manchadas de sangre, lo que para estas gentes era una razón para ser impuro, ya que quien cometía un crimen de sangre fuera de la guerra era impuro, y sólo se le podría devolver la pureza mediante un ritual de purificación, que Apolonio de Rodas describe en IV, 639 y siguientes, y que eliminaba lo que los griegos llamaban miasma.

Creso, después del rito de purificación le introdujo en palacio ya que  era hijo de Gordias rey de Frigia, y nieto de Midas. Era todo un personaje y no tenía nada.

Un día unos enviados de los misios se presentaron ante Creso y le piden ayuda para eliminar un jabalí que estaba asolando las tierras, y que eran incapaces de acabar con el bicho ya que se refugiaba en el monte Olimpo de Misia.

Pedían que su hijo, el afamado Atis, se pusiera al frente de una partida que acabara con el dichoso jabalí y así poder vivir en paz y armonía. Creso, como no quería poner en el más mínimo riesgo a su hijo, no lo autorizó. Sin embargo si les prestaría ayuda enviando una jauría de perros adiestrados. Atis se sintió muy frustrado por la negativa de su padre, y no entendía el motivo. Su padre le contó su sueño y con ello la razón de su negativa, pero Atis le convenció para que le dejara, ya que creía que su sueño no tenía ningún sentido. Así que Creso le autorizó, pero encomendó a Adastro la protección de su hijo para que no sufriera daño alguno.

Al llegar el grupo de caza al monte Olimpo localizaron a la feroz fiera y la acorralaron; los perros atacaban y los hombres comenzaron a lanzar sus jabalinas contra el bicho. Adastro lanzó su venablo, con tan mala puntería que hirió de muerte a Atis. Se cumple así el deseo de los dioses, y ya se sabe que hagas lo que hagas la…

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